Por: Jorge Moscoso
Socio de la CACEH
Un pueblo casi olvidado, por décadas, yace en extrema tranquilidad en medio de la magia natural formada por los extensos pajonales de Amorgeo y el majestuoso Huallil, que lo circundan; fuentes de la cual proceden aquellos páramos intensos y fríos que ocasionalmente azotan a los caminantes que deambulan por los caminos barrosos y de distintos colores.
Un pueblo cuya historia florece, por la relación mantenida durante décadas, con la cultura que fuera una de las más importantes en el país, me refiero a la cultura cañari, la cual movilizó una de sus variantes, Tacalshapa, a las inmediaciones de lo que hoy es San Antonio de Jacarcar.
Un pueblo donde la gente mantiene encendidas las esperanzas de ver un futuro mejor, que permita acceder a una mejor calidad de vida; gente que poco a poco va despertando los ímpetus de trabajar solidariamente en función de conseguir mejores condiciones económicas.
Un pueblo en donde la tierra fértil y el agua recreándose por los poros de la misma en donde se la vea, espera ansiosa las manos hábiles de los hombre y mujeres que puedan trabajarla y hacerla producir.
Se abren y extienden, por lo tanto, las expectativas de todos quienes pertenecemos a esta nuestra tierra y la queremos ver florecer, teniendo como fuente la organización que nace en el seno de la familia y que pretende infiltrarse en la mente y los corazones de los jacarqueños.
Un pueblo cuya historia florece, por la relación mantenida durante décadas, con la cultura que fuera una de las más importantes en el país, me refiero a la cultura cañari, la cual movilizó una de sus variantes, Tacalshapa, a las inmediaciones de lo que hoy es San Antonio de Jacarcar.
Un pueblo donde la gente mantiene encendidas las esperanzas de ver un futuro mejor, que permita acceder a una mejor calidad de vida; gente que poco a poco va despertando los ímpetus de trabajar solidariamente en función de conseguir mejores condiciones económicas.
Un pueblo en donde la tierra fértil y el agua recreándose por los poros de la misma en donde se la vea, espera ansiosa las manos hábiles de los hombre y mujeres que puedan trabajarla y hacerla producir.
Se abren y extienden, por lo tanto, las expectativas de todos quienes pertenecemos a esta nuestra tierra y la queremos ver florecer, teniendo como fuente la organización que nace en el seno de la familia y que pretende infiltrarse en la mente y los corazones de los jacarqueños.
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