Quise utilizar como título, una de las expresiones utilizadas por Efrén -mi tío-, en un artículo que antecede al presente, y es que esa frase hace referencia a aquel pueblito que todos recordamos con añoranza por que es ahí, en ese lugar, en el que disfrutamos de una etapa maravillosa de nuestra vida, nuestra niñez, quién de los que vivimos ahí, no recuerda aquellos atardeceres en los cuales, con un saquillo en la mano, corríamos por aquellos parajes rumbo al potrero a cortar yerba para los cuyes; actividad que en aquellos tiempos nos causaba contrariedad por ser una rutina diaria, más, la posibilidad de encontrarnos con nuestros vecinos o primos, nos hacía olvidar la obligación hasta muy entrada la noche, recién ahí nos acordábamos de “coger la yerba”, mientras tanto desde nuestras casas un poco lejanas escuchábamos el eco de las voces de nuestros padres increpándonos a apurarnos, después de todo ya habíamos corrido por todo el “llano” detrás de una pelota o ya habíamos ensuciado nuestras manos y nuestra ropa con el barro de las acequias, de las cuales extraíamos la materia prima para elaborar figurillas que serían nuestro trofeo después de secarse al calor del sol a escondidas debajo de los sigsales, o de caso contrario ya nos habíamos cansado de pescar “chufles” en los posos de agua, etc., etc., etc.
Días felices que quedan en nuestra memoria para nunca borrarse, pues son nuestra razón de ser, de sentir, de expresar en éstas líneas lo que fue, lo que amamos y lo que nunca olvidaremos, por que nuestra tierra, “la tierra que nos cobijó” es aquel paraje impresionante y acogedor, al cual podemos volver la mirada después de habernos dado un brinco por otros lares y no haber encontrar en ellos el calor que solo nuestra tierra puede darnos.
Ahí, en donde habitan nuestros familiares más cercanos, ahí en donde podemos percibir aun las pisadas frescas de nuestros padres, ahí en donde queda impregnado en el viento el recuerdo de nuestro abuelo ANGEL, ahí, en esa tierra, es en donde nuestras manos deben palpar y nuestros pies deben pisar con la sensación de sentirla nuestra, siempre, por que esa tierra es la única que puede darnos identidad.
Solo es cuestión de recordar para volver a vivir todo aquello que fue; pero no queremos que sea solo cuestión de recordar, queremos vivir esa realidad ahora mismo.
Acabo de leer tu artículo en donde mencionas facetas comunes para los que hemos sido niñ@s y hemos vivido en el campo. Qué hermoso volver a recorrer nuestra infan cia. NO me pierdo nada de lo que se publica en el blog, creo que a más de recrear conocimientos es una forma de comunicarnos y de decir "estamos junt@s". Adelante Jorge
ResponderEliminarEscribo desde mi querida Ciudad de Latacunga, fría y sin tantos coloridos como suele ser Cuenquita como le llama mi querido Efrén. Todos añoramos los tiempos pasados y leyendo lo que escribes Jorgito puedo visualizarte…
ResponderEliminarA pesar de ser mashca también soy parte de este San Antonio impresionante y acogedor, y me siento muy orgullosa de todos ustedes que llevan en alto el apellido Moscoso por que mis hijos también lo son. Y con ese entusiasmo y esa pasión queremos formar NUESTRO FUTURO.
Esta es una de las formas de crear una nueva economía solidaria familiar, primero recordando de donde somos, quienes somos y a donde queremos llegar….