Autor: Juan Ramiro Zúñiga Moscoso
“Quisiera tener la fuerza de los vientos
y la grandeza de las montañas
para abrazar a mi pueblo”
LOS KJARKAS
y la grandeza de las montañas
para abrazar a mi pueblo”
LOS KJARKAS
Montañas de mi tierra
Montañas de azules distancias
Sois el misterio que mi alma encierra,
El silencio encantado de soñadas estancias
Una mano invisible las hizo grandes
Y las sembró en las entrañas de la tierra
Enclavadas en el corazón de mis Andes
Engalanan soberbias a la altísima sierra
El dios de los Incas doró tu frente
Y resplandores de esmeralda y oro
Hay en ti orgulloso e indiferente,
Guardián milenario del tesoro
Montañas adoradas de mi niñez cautiva
Cuantas veces ahogué mi grito a sus plantas
Maldije mil veces los infortunios de la vida
Cuando fueron confidentes de mis penas tantas
Montañas queridas de mi ruin adolescencia
En las noches que la luna tus picachos alumbraba
En su colosal grandeza perdida la mirada mía
En imposibles sueños mi mente deliraba
Montañas que abrazan al pueblo mío
Fieles guardianes que por los siglos moran
Voces silenciosas de la garúa y el estío
Donde el viento y la soledad su melodía entonan
Estructuras loables de roca y granito
De la asombrosa naturaleza el fruto
Turquíes moles confundidas en el infinito;
Con tus cumbres dominando el horizonte abrupto
Tu secular e ignota historia de piedra
Santuario sagrado de mis antepasados
Son testigos el húmedo musgo y la hiedra
De sus misteriosos secretos adorados
De su enhiesta cima divisan en lontananza
Al arroyo cantarino, hijo de las alturas
Los verdes prados, los campos de labranza
O el aurífero río emblema de tu bravura
Señoras del monte pardo donde pacen liebres
El ave errante mora y corretea la gacela
De la tierra cubierta de doradas mieses
O del humilde campesino que labra su parcela
Testigos de las contiendas de mi Pacha Mama
Vieron pasar serenas e indiferentes cuantos lustros
Y esa sangre aborigen que en tu suelo se derrama
Sangre, semilla fecunda de mis ancestros
Benditas montañas de la tierra amada
Que acogen a mi pueblo dormido
En tu regazo cubierto de verde esmeralda
Yace en alucinante letargo de dolor y olvido
Montañas mías dejen que mi último suspiro
Pueda yo exhalarlo a sus pies milenarios
Y dejen que luego se pierdan mis cenizas
Entre la tibieza de tus fecundas entrañas
Pues ¿no es cierto que mi cuerpo un día
Tendrá que volver a tu misma esencia?
Montañas de azules distancias
Sois el misterio que mi alma encierra,
El silencio encantado de soñadas estancias
Una mano invisible las hizo grandes
Y las sembró en las entrañas de la tierra
Enclavadas en el corazón de mis Andes
Engalanan soberbias a la altísima sierra
El dios de los Incas doró tu frente
Y resplandores de esmeralda y oro
Hay en ti orgulloso e indiferente,
Guardián milenario del tesoro
Montañas adoradas de mi niñez cautiva
Cuantas veces ahogué mi grito a sus plantas
Maldije mil veces los infortunios de la vida
Cuando fueron confidentes de mis penas tantas
Montañas queridas de mi ruin adolescencia
En las noches que la luna tus picachos alumbraba
En su colosal grandeza perdida la mirada mía
En imposibles sueños mi mente deliraba
Montañas que abrazan al pueblo mío
Fieles guardianes que por los siglos moran
Voces silenciosas de la garúa y el estío
Donde el viento y la soledad su melodía entonan
Estructuras loables de roca y granito
De la asombrosa naturaleza el fruto
Turquíes moles confundidas en el infinito;
Con tus cumbres dominando el horizonte abrupto
Tu secular e ignota historia de piedra
Santuario sagrado de mis antepasados
Son testigos el húmedo musgo y la hiedra
De sus misteriosos secretos adorados
De su enhiesta cima divisan en lontananza
Al arroyo cantarino, hijo de las alturas
Los verdes prados, los campos de labranza
O el aurífero río emblema de tu bravura
Señoras del monte pardo donde pacen liebres
El ave errante mora y corretea la gacela
De la tierra cubierta de doradas mieses
O del humilde campesino que labra su parcela
Testigos de las contiendas de mi Pacha Mama
Vieron pasar serenas e indiferentes cuantos lustros
Y esa sangre aborigen que en tu suelo se derrama
Sangre, semilla fecunda de mis ancestros
Benditas montañas de la tierra amada
Que acogen a mi pueblo dormido
En tu regazo cubierto de verde esmeralda
Yace en alucinante letargo de dolor y olvido
Montañas mías dejen que mi último suspiro
Pueda yo exhalarlo a sus pies milenarios
Y dejen que luego se pierdan mis cenizas
Entre la tibieza de tus fecundas entrañas
Pues ¿no es cierto que mi cuerpo un día
Tendrá que volver a tu misma esencia?
¡oye!, que pleno, no imaginé que en la familia había un compañero poeta. Muy bien Ramiro y gracias por hacerme recordar lo hermoso de nuestra tierra, Con cariño Efrén Ubaldo
ResponderEliminarGracias Efren por tus palabras. En realidad, escribir es una de mis pasiones y esto lo escribi una tarde en la que recordaba mi niñez y a esas montañas por las que todos los dias aparecia el sol y que ahora son el simbolo de nuestra organizacion y un icono de nuestra tierra sigseña. Tengo muchos poemas mas pero no encuadran dentro de este blog.
ResponderEliminarSaludos y mucho exxito en tu vida cotidiana al igual que a toda tu familia.
att. Ramiro
¡que hermosa poesia, deberias publicar un libro con todas esas letras que seguro las tienes en alguna caja guardadas como lo que creo que son, un valioso tesoro, por que las letras valen mucho , solo es cuestion de colocarlas bien como he visto que las has colocado estas que acabo de leerlas, por favor create un blog y entrales allí, felicidades, está hermosa.
ResponderEliminaratt Juan Pablo Zúñiga
Gracias Juan Pablo por tu comentario que me motiva a seguir cultivando mi pasion por la escritura. Y ya que lo mencionas, efectivamente tengo un blog donde he publicado un poco de mis poesias y necesito comentarios criticos al respecto. Mil gracias otra vez por tus palabras y te dejo la direccion de mi blog que va dirigida tambien a todos aquellos que quieran visitarme mediante este medio y puedan asomarse un poquito a mi mundo que lo he decidido abrir a quien se interese en el. L a direccion de mi blog es la siguiente:
ResponderEliminarhttp://cicatrices-de-mi-alma.blogspot.com/
Att. Ramiro Zúñiga Moscoso